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Fibromialgia

En los pacientes a los que se diagnostica Fibromialgia, se presentan, al unísono o en momentos diferentes de su evolución, síntomas de carácter psicológico, cognitivo, comportamental, social y físicos. Muchas de estas alteraciones se presentan a la vez, o bien, una retroalimenta a la otra; p.ej.: un dolor de espalda genera ansiedad, la ansiedad genera tensión muscular y alteración del ritmo respiratorio, que a la larga dificulta la relajación necesaria para conciliar el sueño e impide el descanso nocturno, cerrando el círculo vicioso.

Desde el punto de vista de la fisioterapia global y en especial desde la óptica del Método Mézières, el cuerpo humano debe entenderse como un todo, tanto a nivel estructural (músculos, huesos, arterias, piel, etc) como a nivel funcional (postura, locomoción, reproducción, comunicación, emoción, etc). Estructura y función son indisociables y funcionan con un equilibrio homeostático. El dolor fibromiálgico es la mayor expresión del desequilibrio global.

El tratamiento persigue la mejora de la autopercepción, el reconocimiento del esquema corporal, y el alivio del dolor y de la impotencia funcional. Ello se consigue, gracias a un trabajo postural global de las cadenas musculares, reequilibrando los músculos atrofiados y los músculos en contractura. Asimismo, se persigue que el paciente tome consciencia de sus ritmos fisiológicos corporales (respiratorio, cardíaco, tono muscular, etc.) y de sus bloqueos.

Este es un trabajo físico, fundamentalmente del sistema muscular y osteoarticular; pero que tiene repercusiones muy positivas en planos funcionales:
  • reequilibra el sistema circulatorio, mejorando el aporte sanguíneo al músculo 
  • mejora el ritmo respiratorio, equilibrando el músculo diafragma y disminuyendo el efecto físico de la ansiedad
  • facilita el equilibrio entre sistemas simpático y parasimpático
  • incide positivamente en aspectos psico-comportamentales gracias al cambio postural;
Todos estos aspectos permiten un aumento progresivo del umbral doloroso y una mejor comprensión y aceptación de este dolor y de la propia enfermedad con el objetivo de una incorporación progresiva a las actividades cotidianas.